sábado, 8 de febrero de 2014

2.- Una hoja del calendario

Hoy hace 58 años que nací, no me acuerdo de lo que pasó aquel día, pero sí de algo que me contaron. Fue un invierno especialmente frío y nevoso, nací en la casa de mis padres en Huelma, ayudado por la comadrona y por mis abuelas, era el segundo varón y luego vendría unos años más tarde mi hermana. 

De la noche que nació mi hermana sí que me acuerdo, mi abuela María Antonia, "mama Guzmán" para todos los nietos, nos despertó a mi hermano y a mí para presentarnos a la nueva hermanita, a medio despertar le di un beso, le dije que muy bien y me dormí de nuevo. Claro que los recuerdos, según leí hace unos días, los manipulamos y los adaptamos al presente cada ver que echamos mano de ellos, pero bueno, eso es lo que recuerdo.

Esta entrada tiene una hoja del calendario encontrada en mi desván, no es del 8 de febrero sino del 21 de junio, no sé de qué año (seguramente de los años 40), da igual. Cuando pequeño aún no había televisión en casa (precisamente fue en 1956 cuando empezó a funcionar la televisión española en Madrid) y en casa había tres elementos que marcaban en qué día y hora vivías: la radio con los partes de noticias, el reloj despertador y los calendarios (solía haber dos o tres, uno de hojas en bloque y otros de pared normalmente con publicidad).

La radio te transportaba a otros lugares, te ponía al día, nos acompañaba. Sólo teníamos un aparato de radio como casi todo el mundo, un aparato que ya funcionaba con una enorme pila porque ya era a transistores en vez de a válvulas como el de casa de mis abuelos. Cuando en verano nos trasladábamos al cortijo se venía con nosotros puesto que no necesitaba corriente eléctrica de la que carecía el campo, también venía con nosotros el despertador que a su vez deambulaba desde la mesita de noche por la noche a una pequeña vitrina de madera con la parte delantera de cristal donde permanecía el resto del día a la vista para informar de la hora.

Pero el tercer elemento que te mantenía informado del día en que vivías o en qué día de la semana estabas era el calendario, grandes y a veces enormes de pared, enseñándote el mes entero culminado por la imagen pintada de una mujer, insinuante a veces, con la publicidad de Fertiberia u otro abono para el campo. Pero además de esos enormes calendarios que te llenaban la pared se compraba en muchas casas el calendario en bloque con una hojita por día, ahí estaba el día y el mes, las horas de salida y puesta del sol y la luna, los santos del día, alguna frase de algún pensador o refrán, pero todavía quedaba lo mejor: el reverso, si había suerte al arrancar la hoja del día y darle la vuelta te podías encontrar una pequeña historia, una información o mejor, un chiste.

El año iba pasando poco a poco al igual que el calendario decrecía paulatinamente hasta extinguirse con el fin de año.

Esta hoja, que muestro hoy, trae la historia de la veneración de Nuestra Señora de Guadalupe y sé de una persona a la que le va a hacer especial ilusión leerlo, a ella se la dedico.

Y termino esta entrada con una fotografía de aquel año 1956, la primera fotografía que conservo  donde aparezco con mi familia. Ha llovido desde entonces, y nevado...


2 comentarios:

  1. Aunque Maria no aparezca en la foto, se la intuye. Desde luego salió a tu madre.

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